Redescubrir Budapest

Descubrí Budapest cuando era pequeña. Por aquel entonces me pareció una ciudad mágica, un tanto fría y señorial, donde todo el mundo te miraba como si no debieras estar allí, pero hermosa. Viajé con mis padres (viajes que, a veces, echo de menos y me gusta recordar con mucho cariño cuando estoy por ahí, redescubriendo el mundo), fue un final de agosto casi septiembre, porque recuerdo haber llegado y, sin tiempo para nada más, verme con la mochila a la espalda  e inmersa en la tediosa vuelta al colegio.

Esta vez, sin embargo, elegí finales de mayo-junio, primavera casi verano: me tocaba volver a visitar una ciudad en la que ya había estado, así que… Mejor verla desde otra perspectiva. He de confesar que el cambio fue estupendo. No sé si se debió a la primavera o a que miraba con otros ojos, más adultos, menos nuevos, pero la verdad es que redescubrir Budapest ha sido toda una experiencia.

Iberostar Gran Hotel Budapest

La ciudad sigue igual de señorial que como la recordaba pero con una vitalidad y una energía que no supe entender en aquel primer acercamiento. Buda, Pest y su increíble Danubio son un torrente incansable de propuestas culturales de todos los estilos, un lugar para pasarse las horas leyendo en su gran Parque de la Ciudad (llamado también Varosliget) o callejeando por su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Imprescindible, por supuesto, subir al Castillo de Buda: yo subí en funicular –es el segundo más antiguo de Europa- y aproveché luego para hacer el descenso caminando, un paseo estupendo sobre todo cuando cae el sol y se ve cómo la ciudad empieza a vestirse de noche.

Para alojarme elegí la zona de Pest, recomendación de un buen amigo que, además, vino con un estupendo descuento en el hotel: el Grand Budapest, un increíble hotel de lujo con habitaciones con vistas a la Plaza de la Libertad, gestionado por la cadena española de hoteles Iberostar e inaugurado hace muy poquito, en 2011. Ideal para una escapada en pareja o para un viaje de negocios ya que, además de estar en una ubicación privilegiada, tiene un impresionante spa y un restaurante de-li-cio-so (saludos de mi parte al chef 😉 )

Grand Hotel Budapest

 

Junto al hotel, están los principales puntos de interés de Pest, por lo que uno de los días lo dedique por completo a recorrer la zona: la gran Basílica, el mítico Parlamento (ante el cual uno no puede evitar quedarse mudo de asombro) y varias calles comerciales en las que perder el norte, los ahorros y el sentido.

La primavera es perfecta en Budapest para pasear así que buena parte de las vacaciones me las pasé de un lado a otro, curioseando y mezclándome con los locales que, he de decir, no son tan sosos y secos como pueden parecer en un primer momento. Los recorridos junto al Danubio, lo mejor. Y, cómo no, un día entero en un balneario.

Entre todos los que hay (¡la ciudad cuenta con más de 100 fuentes termales!), me decanté por el de Rudas, de estilo turco y con un ambiente animadísimo los fines de semana. Me iba al día siguiente, así que quería aprovechar al máximo, de modo que me fui a pasar la noche del viernes al sábado en remojo y acabé bailando en un bar al aire libre a los pies del monte Gellert. Al día siguiente, tren a Bratislava (no tenía vuelo directo) y de regreso a Palma. Un broche de oro para un reencuentro con una ciudad única. Volveré.

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