Madrid se come (II)

Seguimos de tapeo por Madrid. Todavía nos quedaban dos días de viaje y, como recordaréis, teníamos ya el colesterol por las nubes y la sonrisa por montera. La noche de aquel viernes acabó en una fiesta en La Latina, invitados por una gente excepcional a uno de esos pisos madrileños de toda la vida que pueblan ese mítico barrio. Nos recogimos temprano, eso sí, para poder aprovechar el sábado como tocaba. Y cumplimos. Amanecimos en nuestro hotel junto a la Puerta del Sol y salimos directos a la zona de Lavapiés. Habíamos quedado con unos amigos para que nos acompañaran en la ruta pues, esa zona de tapas, nos era totalmente desconocida.

Todo se resume en que el día se nos pasó volando y casi sin salir de Lavapiés, salvo por la noche. Empezamos en la misma plaza de Lavapiés, en una de sus terrazas, sentados al sol, compartiendo un cubo de cervezas y unos panchitos. Solo para abrir boca. Luego vino la que fue la única decepción del viaje: queríamos probar las famosas zapatillas del Bar Melos, en una de las calles que salen de la plaza, pero descubrimos que no abren para el aperitivo del mediodía, solo por la noche… Y la noche del sábado ya estaba comprometida. Así que, nada, no os puedo decir lo buenísimas que estaban porque no las pudimos catar, pero, por la ventana, vimos al dueño a mediodía, todo atareado, preparando todo el stock de la “zapatería” gastronómica que se han montado. Lo dejamos apuntado para la próxima visita, sin duda, porque, además, me han dicho que las croquetas (más bien croquetones) son también pura delicia.

Hotel Petit Palace Puerta del Sol

Hotel Petit Palace Puerta del Sol

Con las ganas del Melos nos fuimos a otra parte. Lavapiés puro y duro. El económico. El menú impresionante, el precio irrisorio, el bar, hasta los topes. Pillamos mesa de milagro y pedimos un par de raciones: croquetas, huevos rotos, jamón… Cuidándonos, vaya. Todo muy rico, de cantidad un poco justa si lo comparamos con los sitios que habíamos visitado el viernes pero, en general, le dimos el aprobado. Seguimos caminando. Dejándonos llevar por nuestros guías locales.

 

  • Oye, ¿y si vamos a la playa?
  • ¿Ein?

Sí, señores, fuimos a la playa de Madrid. O, más bien, La playa de Lavapiés, que es el nombre que tiene uno de los bares de tapeo del barrio y que, desde ya, os lo recomiendo. No tanto por su gastronomía como por el hecho de que estar allí es como estar en tu casa, rodeado de amigos, desconocidos geniales y con tu camarero de confianza. Risas, risas y más risas. Las cañas, en lote, maicitos y patatillas para adornar las raciones de nachos y humus deliciosas que nos pedimos. Repetimos. Sí, ¡un par de veces! y ya no nos movimos de allí hasta… ¡las 8 de la tarde!

Desde allí, directos nos fuimos al cumpleaños que fue lo que realmente nos llevó a programar este viaje de locura gastronómica a Madrid. Acabamos de marcha por La Latina, hasta las mil. Agotados. Y vuelta a nuestro hotel junto a la Gran Vía.

Hotel Petit Palace Savoy Alfonso XII

Hotel Petit Palace Savoy Alfonso XII

El domingo amanecimos con nuevas fuerzas y ganas de más. Sí, somos insaciables. Reservamos el día para hacer “lo típico” en Madrid: comprar lotería de Navidad, pasear por la Plaza Mayor, tomarnos un bocata de calamares y un vermut en La Latina. De nuevo bar, barra, caña, tapa y parloteo. En Madrid, si uno quiere, se pueden arreglar todos los problemas del mundo alrededor de un tirador de cerveza. Nosotros lo intentamos con firmeza, como podéis leer. Sin lugar para el desaliento.

Salimos de La Latina dispuestos a caminar y caminar. Fuimos hasta la zona de El Prado, pasamos por uno de mis hoteles favoritos junto al Retiro, entramos en el parque para sentir que, además de comer, podíamos incluso hacer un poco de ejercicio en plena naturaleza. Lejos ya de bares y demás tentaciones. El último pecado nos lo guardamos para el final: chocolate con churros y porras en los alrededores de la Plaza Mayor. Un final delicioso para un viaje inolvidable. Y muy recomendable. Eso sí, nada de dietas. En Madrid, para disfrutar de verdad, tenéis que saber comer 🙂 Estáis advertidos.

 

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